miércoles, 26 de octubre de 2016

La Invasión Nunca ha Sido Pacífica (2 de 3)



Veníamos refiriéndonos al sobrado conocimiento que se tiene en los países y Organismos Internacionales que propugnan por la fusión de la República Dominicana y Haití, sobre el devenir del diferendo histórico que han mantenido las dos naciones y sus estados desde los tiempos de la colonia.  Conocimiento que se trata de ocultar para proseguir el plan que tienen trazado, de ir llevando a  ambos países a la irreversible fusión de hecho. Han venido ignorando el derecho soberano que como Estado tiene la República Dominicana de establecer su política migratoria.

En ese sentido hemos expuesto sobre los instrumentos legales internacionales desde El Tratado de Nimega en 1678, hasta el Tratado de Aranjuez  o Tratado de  Límites en 1777, que estableció la frontera definitiva en una detallada descripción de la línea de delimitación, que consta de 9 artículos, y el cual se encuentra depositado en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

El periplo legal de los territorios de la isla continuaría, y como resultado de La Revolución Francesa de 1789 con sus avances sociales y políticos en Francia, frente a la pasividad y apatía española, condiciones que se verificaban en las posesiones de ambas metrópolis en la Isla Española o de Santo Domingo, influyeron para siempre en la conformación de los Estados que la pueblan. A partir de entonces se dieron situaciones que traerían nuevos tratados y convenciones, a los que nos referiremos a continuación:

El Tratado de Basilea. Cuando se llevaban a cabo en Francia los aprestos para constituir la república, a lo que se oponía España, que defendía la monarquía que había sido derrotada, Francia le declara la guerra y logra mantener sus principios, saliendo triunfante ante aquella. El resultado fue la firma del llamado Tratado de Basilea que incluía la cesión por parte de España de su porción de la Isla La Española a Francia el 22 de julio de 1795, pasando a convertirse toda la isla en posesión absoluta francesa. Sin embargo, la entrada en posesión de la antigua parte española no podría ser inmediata por lo que se esperó unos años para llevarse a cabo, pues, la situación política imperante en París era muy caldeada.

No es sino hasta el año 1801 que Francia entra en posesión de la parte Este de la isla, cuando se encontraba al frente de la Colonia francesa Toussaint Louverture quien puso en ejecución el Tratado de Basilea en la colonia española, sin haberlo determinado así el régimen recién instalado en Francia. Louverture invadió a Santo Domingo con un ejército fuertemente armado dividido en dos columnas que comandaban, él personalmente, y su hermano Paul Louverture. Evidentemente, tal invasión fue de manera violenta, por lo que hubo que hacerle entrega de las llaves de la ciudad. Napoleón Bonaparte declaró totalmente nula esta toma de posesión y envió una formidable tropa  que comandaba su cuñado Charles Leclerc, quien se posesiona como Capitán General de la parte española de la isla.

El Tratado de París. En el año de 1808 Juan Sánchez Ramírez logra poner en ejecución, y comandar un gran movimiento armado que se oponía al Gobierno Francés y a lo establecido por el Tratado de Basilea, para ello recibe ayuda de los Gobiernos de Inglaterra y España, y el 7 de noviembre se lleva a cabo la gloriosa Batalla de Palo Hincado en la cual sale derrotada la tropa francesa al mando del General Jean Louis Ferrand, teniendo que abandonar los franceses la colonia, determinándose así –de hecho- la llamada “Reconquista” mediante la cual readquiría España la soberanía cedida en Basilea. A partir de entonces gobernaba la colonia española Juan Sánchez Ramírez.

Recordemos que 4 años antes, específicamente el 1ro. de enero de 1804, Dessalines había proclamado la independencia de Haití después de una gran campaña sangrienta contra los franceses que gobernaban en occidente. En Francia la situación era calamitosa para las fuerzas de Napoleón pues se enfrentaba a una gran coalición en su contra, viéndose obligado a capitular, y se lleva a cabo la firma del Tratado de París el 30 de mayo de 1814, que contemplaba en su Artículo 8 la retrocesión de su colonia en la parte Este de la isla a favor de España. Recordemos también que al darse estos hechos, ya Haití había ocupado por la fuerza los poblados de San Miguel de la Atalaya y San Rafael de la Angostura, pertenecientes a la parte Oeste, entre el año 1805 y 1809 según algunos historiadores. Tal situación no cambió luego del Tratado de París y, ambas poblaciones siguieron bajo la posesión haitiana.

Como se puede observar, continúa el conflicto fronterizo, territorial y de invasiones violentas del ya recién nacido Estado de Haití sobre la parte oriental, en franca violación al trazado fronterizo que establecía el Tratado de Aranjuez. Y seguirían tales violaciones, como la de la toma arbitraria de la parte del Lago de El Fondo, perteneciente a la parte oriental; coronando con la invasión, ocupación, y sometimiento del naciente Estado proclamado en esta parte de la isla por José Núñez de Cáceres, período llamado Independencia Efímera. Más adelante, durante la ocupación haitiana se adueñarían también de las poblaciones de Hinche y Las Caobas.


Continuará…

La Invasión Nunca ha Sido Pacífica (1 de 3)



Según la Real Academia Española, el vocablo invadir se refiere a irrumpir; entrar por la fuerza; ocupar anormal o irregularmente un lugar; o entrar injustificadamente en funciones ajenas. De ahí resulta, que donde se entra por la fuerza, de manera anormal, irregular o injustificadamente, se está ejerciendo violencia. Por lo tanto, lo violento,  es contrario a lo pacífico.

En los momentos actuales, gran parte de la Comunidad Internacional, conocedora hasta la saciedad de la historia de los Estados dominicano y haitiano, y de sus conflictos territoriales y fronterizos, viene actuando con gran irresponsabilidad, pues tratan de ignorar el pasado de la isla y quieren llevar el pretendido desconocimiento al ánimo internacional.

Esta actuación irreflexiva, no tiene otra finalidad que no sea la histórica conjura existente, de lograr la fusión de los dos países que ocupan la Isla La Española. Digo que tratan de parecer ignorantes del pasado, porque los anales, en el caso de los Estados en conflicto, y sus territorios, están sobradamente documentados desde la llegada del Almirante al “Nuevo Mundo”, y principalmente, desde los tiempos de las colonias española y francesa, cuando aún no existían las repúblicas haitiana y dominicana.

Pero la invasión, inducida, conocida, y organizadamente desordenada por organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales, y países interesados en tal despropósito; violenta nuestras leyes migratorias, violenta nuestra frontera, violenta todo el historial de acuerdos y tratados internacionales llevados a efectos entre los dos Estados, además de violentar también las Cartas de Organismos Internacionales referentes a los asuntos migratorios entre el concierto de naciones.

Han llegado incluso a la necedad de calificar de “extraña” la dualidad política y social existente en la isla, sabiendo que es condición efectiva en este territorio desde antes del surgimiento de los dos países que la ocupan, porque está hartamente trillado el hecho histórico de la entrada de los franceses a la isla, como resultado del descuido de la parte oeste por el gobierno español, luego de las Devastaciones de Osorio. Recordemos que estas incursiones en la parte occidental, la llevaban a cabo, piratas, bucaneros y filibusteros, lo que debe llevarnos a intuir que las mismas eran violentas o por lo menos furtivas.

Estos hechos históricos están internacionalmente documentados, pues, fueron objeto de atención en el historial de instrumentos legales internacionales que fue menester firmar, hasta llegar al reconocimiento definitivo por España, de la colonia francesa en el año 1777. Veamos los instrumentos a los que se hace referencia:

El Tratado de Nimega, mediante el cual se firma la paz entre Holanda, España y Francia en 1678, y que aunque no hacía ninguna referencia a la situación fronteriza en Santo Domingo, dio como resultado que se empezara a sentar las bases para el futuro reconocimiento, pues fue tomado en la isla como mandato para que en 1680 se dictara un reglamento de convivencia entre los dominios de ambas coronas, en el cual se designó el Rio Rebouc como línea fronteriza provisional (aunque extraoficial, primera división de la isla de Santo Domingo en dos porciones), mediante la cual tácitamente se le reconocía validez a la ocupación francesa, no obstante haberla obtenido de forma ilegítima.

El Tratado de Riswick, fue otro instrumento firmado entre Francia, España, Inglaterra y las Provincias Unidas de los Países Bajos, con respecto a la devolución de las ciudades y distritos conquistados desde Nimega, por el cual, se oficializa además, según muchos historiadores, la división de la Isla La Española, entre Francia y España el 20 de septiembre de 1697. Realmente lo que hace el Tratado es reponer el estado de cosas a como se encontraban producto del tratado anterior de Nimega. Todo esto es producto de la debilidad mostrada por España ante el empuje del poderío francés de la época.

El Tratado de Aranjuez  se firmó en el mes de junio del año 1777, es resultado de un largo período de negociaciones que se llevaron a efecto durante gran parte de todo el siglo XVIII, negociaciones estas, bajo un régimen de cordialidad producto de la familiaridad existente entre las monarquías de ambas coronas. Entre las últimas y más importantes de estas negociaciones, que resultaron en acuerdos, y que sirvieron de base para el Tratado de Aranjuez, fueron los provisionales de 1773 y 1776 entre el Capitán General de la parte española, y los gobernadores de turno de la parte francesa, en esos años. Este tratado fue considerado como una solución al conflicto territorial con carácter de perpetuidad.

Pero más adelante habría de comprobarse que en realidad los problemas fronterizos entre la colonia española y la parte usurpada por Francia apenas comenzaban,  y así continuarían -ya existentes los pueblos haitiano y dominicano- las incursiones y ocupaciones territoriales a la parte Este, violenta e ilegítimamente.



Continuará…..

jueves, 1 de septiembre de 2016

La Cultura de Seguridad y Defensa que Necesitamos. 2 de 2 (publicado en acento.com.do)




La seguridad es un tema objeto de políticas públicas, y por estas últimas se entiende, que son ejercicios que diseñan los gobiernos como solución a demandas de la sociedad. En ese entendido, debemos colegir que son los políticos quienes elaboran tales acciones, planes, programas, etc.

Al lado de la Seguridad, se encuentra la Defensa, que también es incumbencia del Estado a través del gobierno y los políticos. Por lo tanto, debemos estar contestes en que los políticos deben poseer el conocimiento necesario sobre tales temas, de manera que estén capacitados para elaborar las políticas de Seguridad y Defensa que necesita el país. Pero en la República Dominicana, los políticos llegan al poder sin contar con tales conocimientos previos por lo que deben ser las Fuerzas Armadas a través de sus oficiales quienes elaboren tales programas y asesoren al nivel político para su implementación.

De ahí, que sea necesario que los ciudadanos, en especial aquellos que aspiran a posiciones políticas que los lleven a intervenir en la cosa pública, adquieran los conocimientos que aunados todos, llamamos “Cultura de Defensa”. Esta última debe ser parte de la cultura política, y la debemos entender como el grado de percepción, identificación y conocimiento que tiene la sociedad sobre la necesidad de defensa de los intereses y valores nacionales. Actualmente se agrega la Seguridad para identificar el concepto como “Cultura de Seguridad y Defensa” que incluye las impresiones de los ciudadanos sobre los riesgos y amenazas que enfrenta su seguridad y que históricamente ha enfrentado.

Existe actualmente otro concepto más moderno que se conoce como “Cultura Estratégica”, que trataremos en otra ocasión.

La Seguridad, en un concepto clásico y amplio, por un lado nos señala la ausencia de riesgos y amenazas en el ámbito nacional e internacional, en todo aquello que el Estado considera indispensable defender. Por otro lado apunta a la presencia de confianza para la vida y convivencia,  como también, la certidumbre de un  futuro estable y feliz. Asimismo, la Seguridad tiene otra dualidad de formas de advertirla, pues puede verse como una condición, estado de ánimo, sensación o cualidad intangible; y por otro lado, nos refiere a las actividades que se llevan a cabo para conseguir tal condición.

Dentro de los componentes que le dan sentido a la Seguridad, nos encontramos con “los riesgos y las amenazas”. Los primeros, son aquellas situaciones que contienen los elementos necesarios para generar amenazas latentes (escondidas, que no se manifiestan exteriormente, ocultas). Estos tienen como su factor causal las vulnerabilidades  que se padecen y que pueden hacer más grande el daño, en caso de concretizarse los mismos. Las amenazas son cualquier situación, acción o circunstancia, real o potencial, interna o externa, que en un momento dado pueda poner en peligro el logro de los Objetivos Nacionales.

Las nuevas amenazas a la Seguridad afectan de forma importante los niveles de seguridad del Estado. Su tratamiento es a través del fortalecimiento de la democracia, de la gobernabilidad y del desarrollo económico y social. Como ejemplos de estas amenazas, encontramos la pobreza extrema, la inestabilidad económica, la fragilidad del gobierno, los abusos contra los Derechos Humanos, las enfermedades endémicas, y los desastres naturales, entre otros.

En los últimos años la concepción existente sobre la seguridad se ha ampliado por el hecho de que se ha venido incorporando dentro de las consideraciones de la seguridad, a las llamadas nuevas amenazas o amenazas no tradicionales. Ahora, se tiene más en cuenta a quién va dirigida la seguridad, o más bien, a quién se protege. Es decir, con esto se ha llegado a diferenciar quién es el beneficiario final de las acciones de seguridad, si el individuo, o el Estado.

Siendo así, han surgido nuevas dimensiones de la seguridad entre las que sobresale la  Seguridad Humana, dentro de la que se ubican la Seguridad pública, ciudadana, alimentaria y la jurídica.

La Seguridad Humana ha sido definida por la Asamblea General de la ONU, en enero de 2001, como la protección del núcleo vital de todas las vidas humanas, de forma que se mejoren las libertades humanas y la realización de las personas. Significa proteger a las personas de situaciones  y amenazas críticas graves y extendidas, utilizar procesos que se basen en las fortalezas y aspiraciones de las personas, crear sistemas políticos, sociales, medioambientales, económicos, militares y culturales que, de forma conjunta, aporten a las personas los fundamentos para la supervivencia, el sustento y la dignidad.

Seguirá….

Restauremos el Civismo, la Moral y el Patriotismo (publicado en acento.com.do)



Este 16 de agosto se conmemora el 153 aniversario del inicio de lo que se conoce en la República Dominicana como la Guerra de Restauración, que duró hasta que los españoles con sus tropas abandonaran el suelo patrio el 11 de julio del año 1865, movimiento popular de carácter nacionalista que devolviera la independencia perdida mediante la afrentosa anexión a España impulsada por Pedro Santana en 1861.

Los dominicanos se emplearon cabalmente, y por todo el territorio de nuestra media isla llevaron a cabo hechos de valentía y arrojo que resultaron en episodios gloriosos de nuestros héroes independentistas y restauradores. Por ejemplo, casi inmediatamente darse la anexión y llegar las tropas españolas, estas tuvieron que enfrentar acciones de oposición armada, como la de José Contreras que hizo amotinar a la población mocana siendo apresado y fusilado junto a un grupo de sus seguidores.

Otro movimiento contra anexionista fue el llamado La Regeneración, en el que sus principales dirigentes eran Francisco del Rosario Sánchez, Pedro Alejandrino Pina, Valentín Ramírez Báez y José María Cabral. Ya todos sabemos la suerte corrida por el patricio Sánchez que fue hecho preso cuando movilizaba a los pobladores de El Cercado y mandado a fusilar por Santana.

El 21 de febrero se llevó a cabo el llamado Levantamiento de Guayubín, con resultados exitosos, pues logró sorprender al cuartel de la guardia española consiguiendo armas y convirtiendo la plaza en un punto importante de la rebeldía.

Pero el disgusto de los dominicanos era cada vez mayor y el 16 de agosto, Gregorio Luperón, Santiago Rodríguez, José Cabrera, y Benito Monción, al frente de un grupo considerable de hombres tomaron el Cerro de Capotillo, y en lo que se conoce como el Grito de Capotillo, izaron la bandera dominicana, lo que oficializa el inicio de la Guerra de Restauración. Un gran liderazgo y arrojo demostró Gregorio Luperón al frente de los rebeldes. Así se fueron uniendo a la rebelión las ciudades del Cibao, una tras otra, hasta reunir un ejército de unos seis mil hombres en la Fortaleza San Luís de Santiago, donde el 17 de agosto se instaló un gobierno presidido por José (Pepillo) Salcedo que tuvo que enfrentar a Santana que había vuelto a encabezar las tropas españolas en contra del movimiento rebelde, haciéndosele imposible doblegar a los patriotas.

Y así, a sangre y fuego, fue restaurada la independencia de la República que se había visto malograda por la anexión a España. Murieron una gran cantidad de valiosos héroes nacionalistas que entregaron sus vidas en pro de mantenernos libres, independientes y soberanos.

Es muy breve esta reseña que hacemos para recordar nuestra gesta restauradora, y es que el vocablo “restauración” nos conduce a cavilar sobre el derrotero que lleva nuestro país en los últimos años, que conduce a los graves problemas sociales que vivimos, que se ponen de manifiesto por medio de la falta de institucionalidad a todos los niveles, la falta de transparencia en las actuaciones no sólo gubernamentales, sino también en diversos sectores, la pérdida de valores humanos, de manera principal los éticos, morales y sociales, y una falta de liderazgo en todos los ámbitos.

Pero entiendo que el gran mal que nos mantiene anquilosados como país, como pueblo y como Estado que aspira al bien común, es la falta de valores democráticos, por lo que en esta fecha conmemorativa de la gloriosa gesta de la Restauración de la República, mi reflexión va en el sentido de “restaurar” el civismo, la moral, y el patriotismo; valores estos que vemos como se van perdiendo y se cambian por los antivalores. En ese sentido nuestro país necesita una restauración de los siguientes valores democráticos:

El Bien Común, mediante el cual todos los ciudadanos, a la cabeza de los cuales debe haber verdaderos líderes, no los que se hacen mediante el clientelismo, contribuyan al bien de la colectividad, compartiendo las riquezas y beneficios generados por el trabajo de todos.

Una verdadera Soberanía Popular, comprendida como doctrina que entiende que el gobierno es producto de la voluntad libérrima del pueblo, cual se hace interpretar cabalmente por representantes que responden al mandato de este, no de diputados y senadores que desde su curul defienden intereses muy alejados de los deseos de sus “representados”.

Una Justicia igualitaria e independiente de otros poderes, para todos, en la que la venda de la dama no sea transparente, y una balanza cabalmente nivelada en cuanto a su imparcialidad, donde no haya dudas de discriminación o favoritismos, donde se juzguen a políticos y ricos con los mismos presupuestos jurídicos que a civiles, y a pobres.

Por último, queremos destacar El Patriotismo, que cada día se hace más opaco, de manera principal en los sectores que deben servir de ejemplo al pueblo. Se hace necesario que como país se impulse una campaña haciendo todos los esfuerzos pertinentes para restaurar el patriotismo y el civismo perdidos. A esta deben integrarse principalmente el gobierno a través de los planes de educación y de los medios publicitarios, sectores empresariales y educativos, entre otros. Hablo de un patriotismo bien entendido donde no tenga cabida el chauvinismo, la xenofobia ni el racismo.


¡¡Restauremos la impronta de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón, así como de los demás héroes de la Restauración de la República!!