jueves, 1 de septiembre de 2016

La Cultura de Seguridad y Defensa que Necesitamos. 2 de 2 (publicado en acento.com.do)




La seguridad es un tema objeto de políticas públicas, y por estas últimas se entiende, que son ejercicios que diseñan los gobiernos como solución a demandas de la sociedad. En ese entendido, debemos colegir que son los políticos quienes elaboran tales acciones, planes, programas, etc.

Al lado de la Seguridad, se encuentra la Defensa, que también es incumbencia del Estado a través del gobierno y los políticos. Por lo tanto, debemos estar contestes en que los políticos deben poseer el conocimiento necesario sobre tales temas, de manera que estén capacitados para elaborar las políticas de Seguridad y Defensa que necesita el país. Pero en la República Dominicana, los políticos llegan al poder sin contar con tales conocimientos previos por lo que deben ser las Fuerzas Armadas a través de sus oficiales quienes elaboren tales programas y asesoren al nivel político para su implementación.

De ahí, que sea necesario que los ciudadanos, en especial aquellos que aspiran a posiciones políticas que los lleven a intervenir en la cosa pública, adquieran los conocimientos que aunados todos, llamamos “Cultura de Defensa”. Esta última debe ser parte de la cultura política, y la debemos entender como el grado de percepción, identificación y conocimiento que tiene la sociedad sobre la necesidad de defensa de los intereses y valores nacionales. Actualmente se agrega la Seguridad para identificar el concepto como “Cultura de Seguridad y Defensa” que incluye las impresiones de los ciudadanos sobre los riesgos y amenazas que enfrenta su seguridad y que históricamente ha enfrentado.

Existe actualmente otro concepto más moderno que se conoce como “Cultura Estratégica”, que trataremos en otra ocasión.

La Seguridad, en un concepto clásico y amplio, por un lado nos señala la ausencia de riesgos y amenazas en el ámbito nacional e internacional, en todo aquello que el Estado considera indispensable defender. Por otro lado apunta a la presencia de confianza para la vida y convivencia,  como también, la certidumbre de un  futuro estable y feliz. Asimismo, la Seguridad tiene otra dualidad de formas de advertirla, pues puede verse como una condición, estado de ánimo, sensación o cualidad intangible; y por otro lado, nos refiere a las actividades que se llevan a cabo para conseguir tal condición.

Dentro de los componentes que le dan sentido a la Seguridad, nos encontramos con “los riesgos y las amenazas”. Los primeros, son aquellas situaciones que contienen los elementos necesarios para generar amenazas latentes (escondidas, que no se manifiestan exteriormente, ocultas). Estos tienen como su factor causal las vulnerabilidades  que se padecen y que pueden hacer más grande el daño, en caso de concretizarse los mismos. Las amenazas son cualquier situación, acción o circunstancia, real o potencial, interna o externa, que en un momento dado pueda poner en peligro el logro de los Objetivos Nacionales.

Las nuevas amenazas a la Seguridad afectan de forma importante los niveles de seguridad del Estado. Su tratamiento es a través del fortalecimiento de la democracia, de la gobernabilidad y del desarrollo económico y social. Como ejemplos de estas amenazas, encontramos la pobreza extrema, la inestabilidad económica, la fragilidad del gobierno, los abusos contra los Derechos Humanos, las enfermedades endémicas, y los desastres naturales, entre otros.

En los últimos años la concepción existente sobre la seguridad se ha ampliado por el hecho de que se ha venido incorporando dentro de las consideraciones de la seguridad, a las llamadas nuevas amenazas o amenazas no tradicionales. Ahora, se tiene más en cuenta a quién va dirigida la seguridad, o más bien, a quién se protege. Es decir, con esto se ha llegado a diferenciar quién es el beneficiario final de las acciones de seguridad, si el individuo, o el Estado.

Siendo así, han surgido nuevas dimensiones de la seguridad entre las que sobresale la  Seguridad Humana, dentro de la que se ubican la Seguridad pública, ciudadana, alimentaria y la jurídica.

La Seguridad Humana ha sido definida por la Asamblea General de la ONU, en enero de 2001, como la protección del núcleo vital de todas las vidas humanas, de forma que se mejoren las libertades humanas y la realización de las personas. Significa proteger a las personas de situaciones  y amenazas críticas graves y extendidas, utilizar procesos que se basen en las fortalezas y aspiraciones de las personas, crear sistemas políticos, sociales, medioambientales, económicos, militares y culturales que, de forma conjunta, aporten a las personas los fundamentos para la supervivencia, el sustento y la dignidad.

Seguirá….

Restauremos el Civismo, la Moral y el Patriotismo (publicado en acento.com.do)



Este 16 de agosto se conmemora el 153 aniversario del inicio de lo que se conoce en la República Dominicana como la Guerra de Restauración, que duró hasta que los españoles con sus tropas abandonaran el suelo patrio el 11 de julio del año 1865, movimiento popular de carácter nacionalista que devolviera la independencia perdida mediante la afrentosa anexión a España impulsada por Pedro Santana en 1861.

Los dominicanos se emplearon cabalmente, y por todo el territorio de nuestra media isla llevaron a cabo hechos de valentía y arrojo que resultaron en episodios gloriosos de nuestros héroes independentistas y restauradores. Por ejemplo, casi inmediatamente darse la anexión y llegar las tropas españolas, estas tuvieron que enfrentar acciones de oposición armada, como la de José Contreras que hizo amotinar a la población mocana siendo apresado y fusilado junto a un grupo de sus seguidores.

Otro movimiento contra anexionista fue el llamado La Regeneración, en el que sus principales dirigentes eran Francisco del Rosario Sánchez, Pedro Alejandrino Pina, Valentín Ramírez Báez y José María Cabral. Ya todos sabemos la suerte corrida por el patricio Sánchez que fue hecho preso cuando movilizaba a los pobladores de El Cercado y mandado a fusilar por Santana.

El 21 de febrero se llevó a cabo el llamado Levantamiento de Guayubín, con resultados exitosos, pues logró sorprender al cuartel de la guardia española consiguiendo armas y convirtiendo la plaza en un punto importante de la rebeldía.

Pero el disgusto de los dominicanos era cada vez mayor y el 16 de agosto, Gregorio Luperón, Santiago Rodríguez, José Cabrera, y Benito Monción, al frente de un grupo considerable de hombres tomaron el Cerro de Capotillo, y en lo que se conoce como el Grito de Capotillo, izaron la bandera dominicana, lo que oficializa el inicio de la Guerra de Restauración. Un gran liderazgo y arrojo demostró Gregorio Luperón al frente de los rebeldes. Así se fueron uniendo a la rebelión las ciudades del Cibao, una tras otra, hasta reunir un ejército de unos seis mil hombres en la Fortaleza San Luís de Santiago, donde el 17 de agosto se instaló un gobierno presidido por José (Pepillo) Salcedo que tuvo que enfrentar a Santana que había vuelto a encabezar las tropas españolas en contra del movimiento rebelde, haciéndosele imposible doblegar a los patriotas.

Y así, a sangre y fuego, fue restaurada la independencia de la República que se había visto malograda por la anexión a España. Murieron una gran cantidad de valiosos héroes nacionalistas que entregaron sus vidas en pro de mantenernos libres, independientes y soberanos.

Es muy breve esta reseña que hacemos para recordar nuestra gesta restauradora, y es que el vocablo “restauración” nos conduce a cavilar sobre el derrotero que lleva nuestro país en los últimos años, que conduce a los graves problemas sociales que vivimos, que se ponen de manifiesto por medio de la falta de institucionalidad a todos los niveles, la falta de transparencia en las actuaciones no sólo gubernamentales, sino también en diversos sectores, la pérdida de valores humanos, de manera principal los éticos, morales y sociales, y una falta de liderazgo en todos los ámbitos.

Pero entiendo que el gran mal que nos mantiene anquilosados como país, como pueblo y como Estado que aspira al bien común, es la falta de valores democráticos, por lo que en esta fecha conmemorativa de la gloriosa gesta de la Restauración de la República, mi reflexión va en el sentido de “restaurar” el civismo, la moral, y el patriotismo; valores estos que vemos como se van perdiendo y se cambian por los antivalores. En ese sentido nuestro país necesita una restauración de los siguientes valores democráticos:

El Bien Común, mediante el cual todos los ciudadanos, a la cabeza de los cuales debe haber verdaderos líderes, no los que se hacen mediante el clientelismo, contribuyan al bien de la colectividad, compartiendo las riquezas y beneficios generados por el trabajo de todos.

Una verdadera Soberanía Popular, comprendida como doctrina que entiende que el gobierno es producto de la voluntad libérrima del pueblo, cual se hace interpretar cabalmente por representantes que responden al mandato de este, no de diputados y senadores que desde su curul defienden intereses muy alejados de los deseos de sus “representados”.

Una Justicia igualitaria e independiente de otros poderes, para todos, en la que la venda de la dama no sea transparente, y una balanza cabalmente nivelada en cuanto a su imparcialidad, donde no haya dudas de discriminación o favoritismos, donde se juzguen a políticos y ricos con los mismos presupuestos jurídicos que a civiles, y a pobres.

Por último, queremos destacar El Patriotismo, que cada día se hace más opaco, de manera principal en los sectores que deben servir de ejemplo al pueblo. Se hace necesario que como país se impulse una campaña haciendo todos los esfuerzos pertinentes para restaurar el patriotismo y el civismo perdidos. A esta deben integrarse principalmente el gobierno a través de los planes de educación y de los medios publicitarios, sectores empresariales y educativos, entre otros. Hablo de un patriotismo bien entendido donde no tenga cabida el chauvinismo, la xenofobia ni el racismo.


¡¡Restauremos la impronta de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón, así como de los demás héroes de la Restauración de la República!!

martes, 16 de agosto de 2016

Historia Para el Pueblo (2 de 2) publicado en acento.com



Las naciones, a través del tiempo sufren transformaciones, cambian los hechos, aparecen otros factores incidentes que antes no existían, pero la esencia de los conflictos históricos de la historia son repetitivos, como también lo es, el perfil de actuación de los más poderosos. De ahí la importancia de saber sobre los hechos del pasado para que nuestra respuesta sea la conveniente luego de hacer las comparaciones con el presente. Ahí está lo esencial de este conocimiento, es mirar nuestro propio reflejo como nación, entendiendo las causas y los efectos de las acciones del pasado y aprender de los errores cometidos por nuestros antepasados.

En el caso actual de la República Dominicana (no queremos darlo por sentado), pero es nuestra impresión, que poco a poco se trata de ir creando contradicción y falta de claridad en los hechos históricos que desde hace cientos de años se nos enseñaron, pero que ahora podemos advertir que no se ensalzan y glorifican nuestras epopeyas y fechas patrias, pues cada día son más deslucidas sus conmemoraciones. Es una manera de que el pueblo vaya olvidando aquellas heroicidades de las que por tanto tiempo nos hemos sentido orgullosos. A las nuevas generaciones, lo poco que les llega a su conocimiento, es envuelto en una humareda de desinformación.


Las presiones que como Estado viene soportando la República Dominicana, ha hecho ceder al gobierno a permitir una frontera abierta y sin ningún tipo de control del paso de los nacionales haitianos a nuestro territorio. Y lo peor de todo es que sobre este particular no aparece un solo funcionario que explique realmente a qué se le teme, cual es el peligro que corre nuestro país si ejercemos nuestro derecho soberano de cuidar nuestra frontera y de normar y regular el otorgamiento de nacionalidad a extranjeros.

Aquí es importante que tengamos presente nuestra historia, de manera principal en lo concerniente a las relaciones con el vecino del Oeste. Sin embargo, no hay ningún funcionario, a ningún nivel que se refiera a los hechos históricos. Se advierte un gran temor de parte de estos a referirse a temas patrióticos. Y usted se pregunta: ¿A qué acuerdos se han llegado para no ejercer nuestros derechos soberanos?

Si busca usted los diarios y periódicos de cuando faltaban 2 o 3 meses para el torneo electoral pasado, verá informaciones como aquella en que el Embajador de los Estados Unidos afirmaba que existían unas 800mil personas excluidas del padrón de electores, pero de buenas a primeras, al parecer se resolvió tal problema, pues el embajador no volvió a referirse al tema; o puede ver también como de buenas a primera se destapan organismos internacionales como el FMI entre otros, y anuncia con bombos y platillos de manera reiterada que la República Dominicana ha cumplido con su deuda con este organismo.

Y los Estados Unidos anuncian que sacan a nuestro país de la “lista negra” de su informe anual de transparencia fiscal. Y seguirán llegando los informes de buen desempeño, y el embajador seguirá sin ejercer presiones. Todo a pedir de bocas para la República Dominicana, sólo que los resultados de este “favorable desempeño” tiene mucho que ver con la entrega de nuestra soberanía en términos que coliden con nuestros derechos como Estado libre, independiente y soberano, con derecho a establecer nuestra política migratoria, principalmente en lo concerniente a nuestro vecino país, Haití.

Gracias a Dios el Tribunal Constitucional se ha erigido en el principal defensor de nuestra independencia y soberanía. Para esta afirmación sólo tenemos que aludir como ejemplo a la Sentencia 315-15, que declaró no conforme con la Constitución de la República Dominicana el “Acuerdo sobre Estatus del Personal de los Estados Unidos en la República Dominicana”.  Este acuerdo había sido firmado entre los Gobiernos de Los Estados Unidos de América y República Dominicana, el 20 de enero del año 2015. Mediante el mismo se le daba al personal de los Estados Unidos destacados en cualquier misión en este país, total inmunidad en sus actuaciones, así como el derecho de portar armas, al igual que  entrada y salida al país, con la única documentación del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.


Son actuaciones nunca antes llevadas a cabo por ningún gobierno de la República Dominicana. Para esto también sirve la historia, para que estos acontecimientos de la actualidad, en los que el Gobierno Dominicano ha convenido en pactar actuaciones foráneas violando nuestra Constitución, nuestra independencia y soberanía; queden en la conciencia del pueblo.

lunes, 1 de agosto de 2016

Historia Para el Pueblo (1) (publicado en acento.com.do




“La historia es la interpretación de la importancia
que el pasado tiene para nosotros”
Johan Huizinga


Al hacernos la pregunta de para qué sirve la historia, encontraremos respuestas como las siguientes:
  • ·  Para enterarnos y comprender el trayecto que como especie, nación, o  sociedad hemos transitado, ya sea salvando vicisitudes o logrando  conquistas, hasta llegar a la actualidad (de donde venimos).
  • ·   Para saber a donde nos dirigimos (nuestro destino).
  • ·   Para entender lo que nos pasa en el presente como resultado del pasado.
  • ·   Para conocernos a través del dominio de los hechos que han dado forma a nuestra cultura.
  • ·   Para enmendar los errores cometidos en el pasado.


En términos de nación el pasado no muere, es herramienta que nos ayuda a sobrevivir como especie, como nación, como sociedad. Por eso nuestra historia debe ser del conocimiento de todos los connacionales. Pero sucede que en los últimos años hablar de nuestra historia no es muy socorrido en los estamentos oficiales de carácter educativo y cultural.

Los problemas de la República Dominicana ocasionados por la interminable, persistente y taimada actitud haitiana de cada día más estimular a la mayor cantidad de nacionales de esa nación, a traspasar la descuidada frontera con nuestro país viene desde hace casi 2 siglos, y lejos de tener una solución, se han incrementado en los últimos 8 años hasta un punto que, con los que ya están de este lado (es duro tener que decirlo), habrán de ser extremadamente arduos los esfuerzos diplomáticos para conseguir una vuelta atrás.

En una entrada de nuestro blog Las 5 “D”, nos referíamos en el sentido de que si tenemos claro los hechos de nuestra historia, analizándolos, podremos comprender las situaciones vividas por el país, lo que nos servirá de base en nuestra preparación para enfrentar coyunturas de igual naturaleza. Es así que entendemos que existen una gran cantidad de hechos históricos de nuestra vida como nación libre que nunca debemos olvidar y otros que debemos siempre recordar, los que ya habíamos enumerado antes, pero lo traemos a este artículo para que hagan mella en nuestra conciencia patriótica:

Por ejemplo, los dominicanos no debemos nunca olvidar nuestras épocas desgraciadas, ni nuestras glorias patrióticas. No debemos nunca olvidar la Invasión haitiana de que fuimos objeto en 1805, con el propósito de hacer la isla “una e indivisible”; las atrocidades cometidas por las tropas invasoras en su avance hacia Saint Domingue, en Las Matas, San Juan de la Maguana y Azua; la política de “Tierra Arrasada” puesta en práctica por invasores haitianos en su retirada hacia Haití; los degüellos de Moca y de Santiago, y los incendios de otras ciudades y hatos.
Los dominicanos no debemos nunca olvidar la invasión haitiana de Jean Pierre Boyer en 1922, al mando de un ejército de 12,000 hombres, que subyugó por 22 largos años al Pueblo Dominicano; la prohibición del gobierno de Boyer, a todos los dominicanos de dedicarse al intercambio comercial, permitiéndosele sólo a los extranjeros y ciudadanos haitianos; la prohibición del uso del español en los actos y documentos oficiales; el cierre de la universidad nacional; y el reclutamiento militar en el ejército haitiano de todos los jóvenes. Los dominicanos no debemos nunca olvidar las confiscaciones de terrenos y bienes a los propietarios dominicanos y a la Iglesia Católica.

En cambio, los dominicanos debemos siempre recordar la heroica defensa de nuestro territorio, llevada a cabo por las tropas comandadas por el Capitán Fernando Tavera en La Fuente del Rodeo; la derrota infligida por dos batallones, uno capitaleño y otro banilejo comandados por Manuel Mora y Manuel de Regla Mota respectivamente, a la vanguardia del General Souffrant en Las Hicoteas el 18 de Marzo de 1844; la derrota infligida por  nuestras tropas a los haitianos en la Batalla del 19 De Marzo en Azua.

Los dominicanos debemos siempre recordar las actuaciones heroicas de nuestras tropas en El Memiso, las cuales hicieron retroceder de nuevo a Azua a las tropas haitianas; la Batalla naval de Tortuguero, el 15 de abril de 1844 en la que las naves dominicanos hicieron batirse en retirada un bergantín y una goleta haitianas; la Batalla del 30 de Marzo en Santiago, donde las tropas de José María Imbert ayudadas por Los Andulleros de Fernando Valerio obtuvieron una contundente victoria frente a las tropas haitianas comandadas por el General Pierrot.

El Gobierno, de una vez por todas debe dejar esta actitud complaciente con aquellos que buscan hacer desaparecer los vestigios de nuestra gloriosa historia patria, y hacer los esfuerzos que sean necesarios para que los dominicanos recordemos siempre el sacrificio de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón; así como el de todos aquellos héroes que a través de la historia han defendido nuestra independencia y soberanía.