martes, 28 de junio de 2016

Ante Paradigmas Nocivos: El Ideario de Duarte (publicado en acento.com.do



Un paradigma es aquello que tomamos de patrón o modelo a seguir como ejemplo. Estos son resultado de las experiencias que vive determinado conglomerado o nación. En un contexto fuera de lo científico podemos decir que son estereotipos internos o imitados de otras sociedades.

La República Dominicana vive un proceso que bien podríamos llamar “de retroceso” en cuanto a valores cívicos, morales y sociales, producto de los nuevos paradigmas que le han llegado a la sociedad en los últimos 20 o 25 años. En el lenguaje llano del pueblo se oye  el quejido colectivo de cómo ha cambiado nuestro país en términos cualitativos. Las manifestaciones o indicativos de tales cambios las vemos, por ejemplo, en:

  • La falta de empleo y bajos salarios
  • la decepción y deserción por parte de la juventud, de las labores educativas,
  • la marginalidad y exclusión social,
  • el auge vertiginoso de la criminalidad,
  • la falta de compromiso cívico,
  • la pérdida de liderazgos en todos los órdenes,
  • la falta de solidaridad con los más necesitados.

Tales manifestaciones se van sucediendo, unas como consecuencias de las anteriores, relacionándose entre ellas indefectiblemente. No se necesitan análisis profundos para ver la realidad que  vive nuestro país, caracterizada  e impulsada por tales expresiones, algunas de ellas acicateadas o incentivadas mediante el vehículo de la revolución tecnológica y la dimensión cultural del fenómeno globalizante. A esto se le llama “transculturación”, y el vehículo de más fácil llegada a nuestras fronteras es nuestra propia diáspora.

La falta de un empleo que permita a los jóvenes obtener sustento crea en estos el desencanto, por ser el empleo un factor aglutinante de sus convicciones, al igual que de sus opciones y actitudes.

Es una finalidad esencial del Estado, el de fomentar el empleo digno y remunerado, proteger el derecho al trabajo y dar asistencia a este. Tal obligación del Estado es establecida por la Constitución de la República del año 2010, específicamente en su Artículo 62 y sus acápites. Sin embargo, tradicionalmente los gobiernos no hacen los esfuerzos suficientes en este sentido y tal obligación la ejercen sólo por clientelismo político.

Resultante de lo anterior es la falta de poder adquisitivo de las familias, que se traduce en pobreza y falta de nutrición para niños en edad escolar, lo que provoca la deserción. Parecido es el panorama en el nivel secundario y universitario. Esto se traduce en altos grados de marginalidad y exclusión social, que se contacta en la falta de ciertos estratos de la población al goce de los beneficios que trae consigo el desarrollo en términos de bienes y servicios básicos.

De ahí, el auge de la violencia y la criminalidad que actualmente hace nuestro entorno casi “tierra de nadie” para recordar aquellas películas del lejano Oeste. La verdadera “Percepción” de la gente es que las autoridades no han dado la importancia que requiere el fenómeno, no ve usted que puedan echar mano de un plan preestablecido como política de estado, y no como hechos para que los resuelvan policías y militares, con acciones harto manidas y momentáneas.

De todo este horizonte, se deriva la falta de pautas mínimas de comportamiento social que permita una buena convivencia en colectividad, en otras palabras hemos visto descender el civismo en nuestra querida República Dominicana, y los liderazgos que constituyan referentes beneficiosos se escasean.

Finalmente, pienso que como faro hacia donde guiar nuestros pasos tenemos el mejor referente: “El Ideario de Duarte”, quien a decir de un Presidente del Instituto Duartiano, con su vida ejemplar nos mostró el camino a seguir siendo justos, honestos, laboriosos y unidos para la consecución de un país feliz. Agregamos nosotros que sus ideas aún después de su bicentenario exhiben un alto grado de vigencia por la ética que desbordan, por su alto sentido de lo que es un Estado democrático de derecho y por su apego irrestricto a los mejores valores sociales, cívicos y morales. La clase política de la República Dominicana debe mirarse en el espejo del desprendimiento de Duarte.


Se hace necesario como política educacional del Estado, el rescate del pensamiento Duartiano para llevarlo a la conciencia de nuestra juventud.

viernes, 6 de mayo de 2016

NEÓFITO VOTANTE

El Gobierno debe mostrarse justo y enérgico... 
o no tendremos Patria, y por consiguiente 
ni libertad ni independencia nacional.
Juan Pablo Duarte

Según  el diccionario de la Real Academia Española de la lengua, dentro de las acepciones que se conocen del vocablo “neófito”,  se establece una definición que refiere que se trata de: “persona adherida recientemente a una causa, o recientemente incorporado a una agrupación o colectividad”. Sobre el término votante no tenemos que hacer gran esfuerzo para llegar a acordar que se trata de aquel que vota, añadiendo que votar es la acción de una persona que da su voto o dice su dictamen en una reunión o cuerpo deliberante o en una elección de personas.
Siendo así, se entiende que el título de estas notas nos refiere la idea de aquella persona que vota por vez primera en un proceso electivo.
Para quienes no conocen a quien esto escribe debo llevar a su conocimiento, que se trata de un militar que acaba de pasar al retiro luego de haber permanecido casi cuatro décadas en las filas militares, por lo tanto votará en unas elecciones nacionales por primera vez en el próximo proceso electoral nacional del presente año 2016; en otras palabras, ejercerá un derecho que a su vez es un deber.  Como derecho, la Constitución de la República de 2010 lo prevé como un Derecho Fundamental y lo cataloga como un Derecho de Ciudadanía, listándolo en el Artículo 22 de la misma. Como deber, lo establece dentro de los Deberes Fundamentales y lo lista en el Artículo 75.
Siento un gran entusiasmo por mi nuevo ejercicio, al que voy junto a, y con las mismas condiciones que todos los nuevos votantes que participarán en el proceso electoral, con la sola diferencia de edad; mi entusiasmo se debe también a que esto me permitirá participar en el gobierno de mi país. Si, así como leen, en el gobierno de mi país, pues debemos saber todos los neófitos votantes, y los que lo ignoran, que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su Artículo 21 ha establecido que: “Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos…La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente por sufragio universal e igual, y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto”. De ahí que podamos decir que votar es un derecho  de todo ciudadano, y representa el mecanismo básico de la democracia. Entonces lo que vamos a ejercer y cumplir (porque los derechos se ejercen, y los deberes se cumplen) por primera vez, deberá ser de modo responsable, haciendo un análisis concienzudo, pues nuestro sufragio es algo tan trascendental que radica en poner en las manos de unos candidatos que serán quienes organicen y promuevan el bien común, el destino de todo el pueblo. Entonces, de manera sensata y juiciosa deberemos escoger a aquellos que posean las mejores condiciones para llevar las riendas de la Nación.
Aunque un gran porcentaje de los ciudadanos no se sienten motivados a ejercer su derecho al voto por diversas razones, entre las que se encuentran por ejemplo: decepciones sufridas por el pueblo al elegir autoridades para las cuales los ciudadanos no cuentan en el espacio de tiempo que hay entre cada período electoral; falta de cumplimiento de lo prometido en campaña, traicionando así la confianza depositada en ellos por los votantes; porque siempre gana quien tiene más recursos económicos, sin importar la procedencia de estos; y porque son los partidos los que realmente controlan a los representantes y no los electores; entre muchas otras razones, entiendo que en especial, en este proceso electoral resulta sumamente necesario que todo buen dominicano ejerza su derecho y cumpla con su deber de votar para la elección de las autoridades que serán los mandatarios para el próximo período de gobierno.
Es bueno que los neófitos votantes sepamos que el pueblo, mediante el voto, designa a sus mandatarios. Sin embargo la gran mayoría no sabe o no entiende que significa el vocablo “mandatario”. Según el Diccionario de la Real Academia Española entre las acepciones del termino están las siguientes: - Persona que, en virtud del contrato consensual llamado mandato, acepta del mandante representarlo personalmente, o la gestión o desempeño de uno o más negocios. Otra definición es: - Persona que acepta del mandante su representación personal o la gestión de algún negocio.
La primera definición es de carácter jurídico en donde interviene la figura del mandato que no es más que un contrato, pero esto sería tema para otro artículo.
Aquí emerge otro término que también es menester que los neófitos votantes entendamos, es el mandante, que se define como  la persona que en el contrato consensual llamado mandato confía a otra su representación personal o la gestión o desempeño de uno o más negocios, es la persona natural o jurídica que confiere el encargo.
¿Que queremos resaltar? Pues simplemente que en las elecciones para elegir los candidatos que habrán de ser las autoridades en los distintos niveles de elección (presidencial, congresual, y municipal), unas vez electas, significa que han recibido el mandato del pueblo para ejercer sus funciones, por eso se les llama mandatarios, que no indica que son los que mandan. Quien manda es el mandante (el pueblo) que es quien confiere al electo el encargo, a través de su voto, para ejercer el gobierno de la república.
Todo esto viene a cuento porque en mi condición de votante por primera vez quiero ejercer mi derecho constitucional, de manera de estar seguro sobre las personas a las cuales daré mi voto (el mandato), para que guíen al pueblo por el camino del bien común, donde impere la justicia, la paz social, y el progreso para todos los dominicanos sin distinción, sin exclusión y sin privilegios. Para esto debo tener en cuenta que en los tiempos actuales, sobre nuestra patria se ciernen nubes de incertidumbre en cuanto a nuestra Independencia Nacional y nuestra soberanía. Porque se puede claramente advertir que en muchos estamentos de nuestra sociedad existe apatía, temor y hasta cierto desdeño por enarbolar la bandera del patriotismo, la defensa de la soberanía y de nuestra nacionalidad.
Nos hemos olvidado del Juramento de los Trinitarios que cumpliendo con el mismo, implantaron una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera. Que Duarte afirmó que: “Siendo la Independencia Nacional la fuente y garantía de las libertades patrias, la Ley Suprema del pueblo dominicano es y será siempre su existencia política como Nación libre e independiente de toda dominación, protectorado, intervención e influencia extranjera….”.
Para ejercer mi derecho de votar y ser parte de los mandantes que otorgan a los mandatarios electos la potestad en nuestro país, deberé hacerlo por aquellos que puestos bajo una lupa patriótica no hayan dado muestras de debilidad ante ataques internos y externos a nuestra soberanía, a nuestros derechos como nación libre e independiente y al irrespeto de nuestras fronteras. Y es que nos hemos olvidado que desde la fundación de la república Duarte se refería en los siguientes términos: “Los enemigos de la Patria, por consiguiente nuestros, están todos muy acordes en estas ideas: destruir la Nacionalidad aunque para ello sea preciso aniquilar a la Nación entera”.
Por último, cuando este frente a la urna de votación echaré mi voto consciente de todo esto, y haré una oración para que Dios proteja al pueblo dominicano de los ataques externos y de los traidores del patio.



jueves, 6 de agosto de 2015

MI MANERA DE IDENTIFICAR A UN TRAIDOR



Todavía se encuentra usted con personas “dominicanas” que no advierten la calamidad que se cierne sobre nuestro pueblo. Se puede ver cómo la ignorancia, la desidia y la falta de solidaridad caracterizan a gran número de connacionales que parece no importarles el conflicto que vive nuestro país con el malhadado vecino del Oeste. De igual manera vemos a diario cómo algunos paisanos, desde diversos medios y desde distintas posiciones con capacidad de influencia en la disputa, emiten juicios y llevan a cabo acciones que perjudican grandemente a su propio país.

Soy de parecer que ante la peligrosidad de los hechos desatados por el gobierno haitiano, apadrinado por la inmensa cantidad de países poderosos, Organizaciones no gubernamentales (ONGs), así como organizaciones de la Comunidad Internacional de las cuales la República Dominicana es miembro; existen dos formas en las cuales podemos decir que un dominicano es traidor: La primera es “Por acción” y la segunda “Por omisión”.

La primera de ellas es la forma que mayormente tenemos a la vista, porque a la vista tenemos aquellos empresarios y comerciantes que vienen desde hace tiempo apostando a tener como mercado, en vez de 10 millones de dominicanos a unos 21 millones de seres humanos consumidores, donde no haya una frontera que los divida como naciones independientes; que también vienen apostando a su sociedad con grandes transnacionales para la futura explotación minera de la isla; que en sus pronunciamientos sobre el conflicto sólo se refieren a lo estrictamente comercial, sin que nunca, óigase bien, nunca, hablar sobre cómo defender los intereses de la patria, sino sus propios intereses.

¿Hablan los grandes empresarios de la República Dominicana sobre este tema? La respuesta a esta interrogante la sabemos todos, es un rotundo “No” con contadas excepciones. De manera que estos acaudalados personajes (como dije antes, salvando las excepciones), cumplen con ambas formas de traición, por acción y por omisión.

En esta primera clasificación también se encuentran aquellos periodistas y medios de comunicación que reciben recursos cuantiosos para ejercer en su propio país el papel de “Caballos de Troya”, llevando al ánimo del pueblo llano, tanto aquí como en el extranjero, que la República Dominicana viene cometiendo atropellos y desconociendo Derechos Humanos de los haitianos, y que se deben desconocer nuestra Constitución y nuestras leyes. A diario podemos ver en los medios escritos, radiales, televisivos y por las redes sociales; la profusa campaña de descrédito  de nuestro país, que llevan a cabo periodistas y comunicadores que forman parte de nóminas de agencias internacionales.

Otros no menos peligrosos se enquistan en los segmentos de poder político, en los cuales también han existido históricamente “los Judas” que por salvar su peculio se ponen del lado de los intereses foráneos. Esto es vender la patria.

Todos ellos no merecen de sus connacionales la hermandad y el pueblo debe hacer lo necesario por conocerlos para saber donde se guarnece el enemigo.

La siguiente clasificación es por omisión. La percibo como la más dañina a los sagrados intereses nacionales porque esta se encuentra alojada dentro de la masa misma del pueblo y son vulnerables a la disuasión por parte de los enemigos de la República Dominicana. Son aquellos que no se interesan sobre lo que pasa en la actualidad, no los ve usted comentar sobre los estragos que significa para este país la avalancha de nacionales haitianos que tenemos en nuestro territorio; viven su vida sin importarles que sucede; no manifiestan ningún esfuerzo por la causa de la nación. Usted puede ver en las redes sociales personas que para nada se interesan en estos temas.

Digo que esta clasificación es la más peligrosa porque hacia ellos van dirigidas las campañas de convencimiento, con mentiras y propaganda en contra de nuestra soberanía e independencia. Por eso sostengo firmemente que todo aquel que no hace nada para ayudar a la defensa de los sagrados intereses de la patria es un verdadero traidor.

Termino con este frase del ideario de Duarte que reza:

“Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones”.

¡¡CONOZCÁMOS A LOS TRAIDORES VENDE PATRIA!!

¡¡VIVA LA REPÚBLICA DOMINICANA SOBERANA E INDEPENDIENTE!!

jueves, 18 de septiembre de 2014

APATRIDIA



Según la Enciclopedia Jurídica, el vocablo apatridia, es usado en el Derecho Internacional, como la cualidad atribuida a aquellas personas no unidas a ningún Estado por un vínculo de nacionalidad.
Siendo así, cuando nos referimos a apátrida, estamos hablando de aquella persona sin nacionalidad. Esta situación resulta generalmente de la pérdida de la nacionalidad de origen, por ejemplo a causa de una caducidad, sin que se haya adquirido una nacionalidad nueva.
Sobre el particular, debemos decir que en el Convenio de Ginebra del 28 de julio de 1951, en lo relativo a la situación jurídica de los refugiados, y por el Convenio sobre la situación de las personas apátridas del 28 de septiembre de 1954, auspiciaba la Organización para las Naciones Unidas (ONU); se regula el trato y el status que debe concederse a los apátridas en el territorio de los Estados signatarios de tales convenios, así como los documentos que se les deben facilitar par desplazarse por el interior de dichos Estados o viajar al exterior de ellos.
Después de la Segunda Guerra Mundial se incluyó el Derecho a la Nacionalidad en la Declaración Universal de los Derechos Humanos con el Artículo 15 de la misma. En un trabajo escrito por Indira Goris, Julia Harrington y Sebastian Kohn se expresa que: “Esto respondía en aquel instante, a la necesidad de respuesta a algunas de las atrocidades que se cometieron durante la guerra, entre las que se cuentan las desnacionalizaciones masivas y los desplazamientos de población, en los que cientos de miles de judíos que sobrevivieron al genocidio perpetrado por los nazis dejaron su patria, millones de alemanes fueron expulsados de los países de Europa del Este y millones de polacos, ucranianos, bielorrusos y otras poblaciones minoritarias de la Unión Soviética fueron expulsadas a la fuerza o tuvieron que huir por motivos de seguridad”.
En el caso de la República Dominicana y la gran carga que pesa sobre sus espaldas con el vecino del Oeste, se ha querido asimilar el hecho de que muchos de los nacionales de aquel país, pasan por la frontera a radicarse en el nuestro, bajo la dirección de las cabezas que dirigen la inmigración descontrolada y sus cómplices dominicanos; con aquella situación en la que no se les deniega formalmente la nacionalidad, ni se les despoja de ella, pero se les niega el acceso a muchos derechos humanos que disfrutan otros ciudadanos, en el entendido de que estas personas pudieran ser apátridas de hecho aunque no según la ley; o que no pueden esperar que el Estado del que son ciudadanos les brinde protección.
Este es el plan. Que sigan entrando, para inmediatamente estén de este lado, empezar el proceso de nacionalización, muchos de ellos, así como las denuncias y acusaciones contra el país de parte de los organismos internacionales, la mayor parte de la Comunidad Internacional, y las innumerables ONGs pagadas, que tienen el denodado propósito de crear en esta isla, un sólo país. En esto, obvian las diferencias existentes entre ambas naciones, que no tienen que ver nada con racismo de parte de la República Dominicana, sino que no podemos olvidar que aquel es la Nación de la cual nos independizamos, nos liberamos, y nos defendimos, todas las veces que nos invadieron. 
Por eso hoy más que nunca, hacemos uso de aquella frase que dice:
“Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla”